martes, 23 de noviembre de 2010

El baile de los ahorcados



En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.

¡Monseñor Belzebú tira de la corbata
de sus títeres negros, que al cielo gesticulan,
y al darles en la frente un buen zapatillazo
les obliga a bailar ritmos de Villancico!

Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles:
como un órgano negro, los pechos horadados ,
que antaño damiselas gentiles abrazaban,
se rozan y entrechocan, en espantoso amor.

¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza ,
trenzad vuestras cabriolas pues el tablao es amplio,
¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla!
¡Furioso, Belzebú rasga sus violines!

¡Rudos talones; nunca su sandalia se gasta!
Todos se han despojado de su sayo de piel:
lo que queda no asusta y se ve sin escándalo.
En sus cráneos, la nieve ha puesto un blanco gorro.

El cuervo es la cimera de estas cabezas rotas;
cuelga un jirón de carne de su flaca barbilla:
parecen, cuando giran en sombrías refriegas,
rígidos paladines, con bardas de cartón.

¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos!
¡y la horca negra muge cual órgano de hierro!
y responden los lobos desde bosques morados:
rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno...

¡Zarandéame a estos fúnebres capitanes
que desgranan, ladinos, con largos dedos rotos,
un rosario de amor por sus pálidas vértebras:
¡difuntos, que no estamos aquí en un monasterio! .

Y de pronto, en el centro de esta danza macabra
brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto,
llevado por el ímpetu, cual corcel se encabrita
y, al sentir en el cuello la cuerda tiesa aún,

crispa sus cortos dedos contra un fémur que cruje
con gritos que recuerdan atroces carcajadas,
y, como un saltimbanqui se agita en su caseta,
vuelve a iniciar su baile al son de la osamenta.

En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.

Rimbaud

Confesión



Una vez, una sola, mujer dulce y amable,
               En mi brazo el vuestro pulido
Se apoyó ( sobre del denso fondo de mi alma
               Ese recuerdo no ha palidecido);

Era tarde; al igual que una medalla nueva,
               La Luna llena apareció,
Y la solemnidad nocturna, como un río,
               Sobre París dormido se extendía.

Los gatos, por debajo de las puertas de coches,
               Deslizábanse furtivos
El oído al acecho o, como sombras caras,
               Nos seguían despacio.

Y de súbito, en medio de aquella intimidad,
               Abierta en la luz pálida,
De Vos, rico y sonoro instrumento en que vibra
               La más luminosa alegría,

De vos, clara y alegre igual que una fanfarria
               En la mañana chispeante,
Una quejosa nota, una insólita nota
               Vacilante se escapó,

Como un niño sombrío, horrible y enfermizo
               Que a su familia avergonzara,
Y al que durante años, para ocultarlo al mundo,
               En una cueva habría encerrado.

Vuestra discorde nota, ¡mi pobre ángel! cantaba:
               «Que aquí abajo nada es firme,
Y que siempre, aunque mucho se disfrace,
               El egoísmo humano se traiciona;

Que es un oficio duro el de mujer hermosa
               Y que es más bien tarea banal,
De la loca y helada bailarina fijada
               En maquinal sonrisa;

Que fiar en corazones es algo bien estúpido;
               Que es todo trampa, belleza y amor,
Y al final el Olvido los arroja a un cesto
               ¡Y los torna a la Eternidad!»
Esa luna encantada evoqué con frecuencia,
               Ese silencio y esa languidez,
Y aquella confidencia penosa, susurrada
               Del corazón en el confesionario.

Baudelaire

La muerte de los amantes

CXXI
Tendremos un lecho de suaves olores,
divanes profundos como sepulturas,
y en tallos y búcaros nos darán las flores
aromas extraños bajo albas más puras.

Nuestros corazones, amando a porfía,
darán de su antorcha su llama postrera:
dos llamas gemelas son tu alma y la mía,
espejos que miran la eterna ribera.

Relámpago único, centella preciosa,
una tarde mística de azul y de rosa,
el adiós seremos, el llanto, el sollozo.

Y después un ángel, abriendo las puertas,
los espejos turbios y las aguas muertas,
resucitarán temblando de gozo.
Baudelaire
Wow... que abandonado está este blog... ya Lucian o el Lobo tomó otro camino, pero creo que algunos poemas nos empapa a los dos... pasaré por aquí dejando alguno de mis poemas favoritos

lunes, 1 de septiembre de 2008

No merecemos esta soledad.

Cada vez que recuerdo nuestros momentos una brasa nueva se agrega a esta melancolía. Tengo el pecho poblado de llamas que me consumen en tristeza.
Tristeza que flagela mi alma, mis ojos no ven mas colores que los emiten tu piel, mis oídos solo repiten las palabras que susurrabas luego de hacer el amor. Y esta profunda y densa necesidad de salir tras de ti.
¿Dónde estás ahora? ¿Qué haces? ¿Con quien estás? pedazos de mi mente se van en esas preguntas. Me voy deshaciendo. Ya lo que queda de mí, cenizas, tiene la fragancia y forma de ti.


Dark Queen y El Cuervo

sábado, 10 de mayo de 2008

Césped sobre cenizas.

Me doblegas dulcemente con tus labios. Soy como la hierba que recibe, apacible, a la lluvia que renueva sus colores, sus fragancias.
Tus besos me llevan de la mano por un viaje fantastico, en donde solo existen mis ojos y tu sonrisa.
Voy por un camino cubierto de pétalos de flores que guardan los trinos del amanecer.
y solo basta con visualizar tu imagen para sentir que formo parte del alba que acaricia tu rostro
Reclinemonos en la brisa, jugando con nuestras miradas. El alba apagó las estrellas. Recibamos al sueño que viene sigiloso, trayendo en el bolsillo, un canto dulce de hadas.


Dark Queen y El Cuervo

jueves, 10 de abril de 2008

Este cuerpo aún es joven pero
tiene las cicatrices de una guerra
de cien años.
Su vida parece haber comenzado
tan lejos, como el sitio de los astros.
A veces el aire, los pájaros y las flores
le piden que les cuente, que les enseñe
lo que ha vivido, y él siempre responde:
"¡No lo sé, yo nací destruído!"